Es cierto que una imagen vale más que mil palabras…Cuando un pasajero se sube a un avión lo primero que ve es al tripulante de cabina,  ”la cara de la Compañía”.

Hoy en día el pasajero suele comprar el billete por Internet (incluso recoge su tarjeta de embarque con el mismo sistema).

Llega al aeropuerto en muchas ocasiones con el tiempo justo y sin saber con que Compañía vuela. Hasta que no se le anuncia el embarque de su vuelo ni siquiera tiene conciencia de la Compañía en  la que viaja.

En otras ocasiones es justo lo contrario. Personas con poca o ninguna experiencia en la aviación y que por ser probablemente la primera vez, saben exactamente y “de memoria” la compañía, en número de vuelo, la hora exacta de salida etc. etc.

De una forma u otra, la expectativa y el interrogante de quien y como nos recibirán esta justo en la puerta de la entrada.

Que fácil puede ser causar una agradable impresión y que mal  se hace muchas veces.

Si realmente existe la vocación en  este trabajo y ganas de hacerlo bien, seguramente se consigue sin problema.

Personalmente no me valen argumentos sobre cansancio, sueldos bajos, comentarios que quieran justificar un comportamiento pasivo y desagradable.

Creo que el autentico profesional esta por encima de estos contratiempos. Evidentemente el cansancio hará tener más ojeras, y probablemente la mirada será menos brillante y más opaca si se pasan por problemas diarios. Pero la actitud y predisposición siempre será buena si hablamos de unos auténticos profesionales. Esta forma de ser, natural, simpática y responsable es algo con lo que se nace, no se hace.

Desde el punto de vista del pasajero, creo que para él es muy importante encontrarse con profesionales que le den una agradable bienvenida, le transmitan seguridad y confort.

De una manera u otra el pasajero queda bajo la responsabilidad y mando de los tripulantes cuando viajan en un avión. La sensación de impotencia de no poder  ejercer ningún control  del vuelo, les convierte en personas que dependen absolutamente de la tripulación y esta situación  hay que ejercerla con delicadeza y responsabilidad.

La sensatez y seriedad de las personas que ejercen este poder no solo es algo que se debe de “suponer” , hay que demostrarlo.

La “cara de la Compañía”, debe mostrar, la imagen que se quiera proyectar.

Por este motivo es de vital importancia en esta profesión llevar el uniforme que define la persona y la Compañía con carisma, elegancia y clase. La categoría humana siempre hay que tenerla por encima de las situaciones  y además forma parte indiscutible de la personalidad del TCP el “saber estar”.

Hay  que asumir la imagen  que se quiera proyectar constantemente, no solo con el rostro, también por la forma de actuar, de hablar, de gesticular, de caminar. Se tiene que ser consciente que en un día son cientos las personas que observan a los tripulantes y que dependiendo de las experiencias que vivan en los vuelos tendrán unas u otras opiniones sobre la profesión y las Compañías que se representan.

Creo que esta en la decisión de cada TCP, la imagen que de si mismo quiera dar y desde luego la Compañía se tendrá que plantear si sus tripulaciones están a la altura de la publicidad que ellos quieren transmitir, anuncian  y venden…

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